La globalización es una realidad. Una realidad que nos supone una serie de beneficios pero que también tiene unas consecuencias bastante cuestionables.  Desde Ripshop queremos explicaros nuestro compromiso más sincero y queremos hacer una crítica profunda al “todo vale” que monitoriza los mercados actuales.

                Creemos que los negocios y el dinero no pueden descuidar la salud de sus clientes, los derechos de sus trabajadores y la dignidad de todas las personas que, en algún momento, están en contacto con ese mismo proyecto. Es por eso que desde esta pequeña iniciativa, nos esforzamos día a día para garantizar unas condiciones de trabajo justas y dignas para todos nuestros trabajadores. Porque implementando políticas equitativas y honestas no solo garantizamos sus derechos sino que luchamos, de forma indirecta, contra todas las desigualdades salariales, las explotaciones y los abusos que tienen lugar a nivel mundial.

    Además, fabricamos los productos aquí con el doble objetivo de cuidar y reactivar nuestra economía y de ofrecer la oportunidad de trabajar a todas las personas que han quedado desplazadas por la crisis económica.

Por otra parte, nos valemos de protocolos de confección que avalan tanto la calidad como la seguridad de nuestros productos. Repasamos individualmente el estado final de cada prenda para asegurarnos de que os estamos ofreciendo el mejor servicio. Pero no solo nos preocupamos por entregaros unos acabados de calidad, también focalizamos nuestro punto de atención en los productos químicos que usamos en la estampación, productos que deben pasar una normativa estricta y un largo proceso de depuración. Con eso, nos aseguramos de que los tejidos con los que vais a estar tantas horas en contacto, no suponen ningún riesgo para vuestra salud.

Por estas razones, nos vemos obligados a ajustar  un poco el precio de nuestros productos porque queremos garantizaros el cumplimiento de todos estos objetivos. Y aunque resultan, finalmente, un poco más caros que otros productos de importación creemos que vale la pena. Porque… ¿hasta qué  punto el precio debería ser capaz de sobreponerse a la salud, a la ética y a la vida de las personas?

Afortunadamente, desde Ripshop no estamos dispuestos a contribuir a un proceso tan decadente y os animamos a empoderaros y aplicar esta filosofía tan sana a vuestras vidas porque, de esto sí que estamos seguros, no todo vale.


Es difícil dar el paso, cruzar la línea entre la imposibilidad y la posibilidad. Nos resulta tan complicado arriesgar la estabilidad de nuestra pequeña zona de confort para intentar rozar el polvo sutil y translúcido que deja la magia tras su paso… La rutina, ordinaria y modesta, nos proporciona los recursos suficientes y necesarios para sobrevivir. Y tenemos tantísimo miedo a perderlos que renunciamos a todo aquello que podríamos ser y nunca seremos.

 Aun así, a veces, el deseo y la fuerza son capaces de derrotar nuestros temores más recónditos y conseguimos deshacernos del molde que nos aprieta y nos reduce. Pedrita Parker, una de nuestras jóvenes ilustradoras, hace relativamente poco decidió embarcarse en un proyecto completamente nuevo. Aunque el dibujo la ha acompañado toda su vida, nunca se había planteado dedicarse a ello en cuerpo y alma, a hacer de su pasión su profesión.

Pero cruzó la línea, esa línea tan fina. Y sintió la incerteza cortante de no saber qué pasaría, qué dirección habría tomado el paso que acababa de dar.  I fruto de ese coraje admirable, de ese momento de indecisión en el que Pedrita no sabía si seguir hacia adelante o quedarse parada, han salido centenares de ilustraciones, de ideas, de colores y de pequeñas y especiales formas de ver la vida y el mundo con la Reina Pecas. Un estilo despreocupado pero rebelde que desmitifica muchos de los prejuicios sociales para ayudarnos a brillar.

Esperamos que os gusten sus ilustraciones y que podáis aprender cada día de ellas. Pero, sobre todo, nos gustaría que os llegara lo que hizo Pedrita. Vacilar en esa milésima de instante, escoger la opción que no le garantizaba la supervivencia pero que le daba toda la vida.


Hace unos días que el hálito frío del otoño se ha adentrado en la ciudad. Agita con fuerza las hojas secas de los árboles y araña suavemente los rostros de los peatones. Ayer, volví a casa tiritando, con el frío pisándome los talones.  Cuando abrí la puerta, sentí un plácido alivio. Avancé unos pasos a tientas y entré en el comedor. La tenue luz de las farolas de la calle sumía en una penumbra apacible toda la habitación.

Ocurre sin darnos cuenta. Damos la bienvenida a las estaciones tan automáticamente que casi ni nos percatamos. Es un cambio natural, sereno, fútil. Y pasamos de llevar la chaqueta vaquera en la mano a esconder la cara en el cuello del anorak cada vez que salimos a la calle. Volvemos del trabajo, con la brisa glacial pegada al cuerpo, y deseamos impacientemente desplomarnos sobre el sofá,  quitarnos los zapatos, cubrirnos con la manta y liberarnos a cada uno de los placeres invernales.

Nos encanta sentir el olor de palomitas flotando en el ambiente mientras salen los rótulos iniciales de la película. O el reflejo entrecortado del fuego que se proyecta por toda la habitación. Nos gusta sostener el mundo entre las manos, comprimido entre párrafos y capítulos que ansiamos descubrir. Y adoramos las bebidas calientes, los abrazos a la taza con las dos manos mientras respiramos el vaho que emana del té o del chocolate.

Ayer, cuando volví a casa tiritando, di la bienvenida a estas tardes tan entrañables. Me hundí en el sofá con la televisión de fondo y el murmullo de la calle a lo lejos.  Y es que bajo mi manta no cabe el trabajo, no caben los problemas ni el ruido que ensorda la vida. Mi manta está hecha para morir de amor al final de cada día.


                                                  

                No me atrevería a clasificar a las personas en dos grupos. Simplemente, porque creo que hay tantos tipos de personas como personas hay en el mundo. Sin embargo, me resulta inevitable distinguir dos actitudes altamente extendidas. Las personas que aceptan su realidad aunque no les guste y las personas que, con coraje y constancia, intentan cambiar aquello que no les gusta de su realidad.

   Irremediablemente y aunque entienda y respete la primera actitud, siento una tierna predilección por los segundos. Por aquellos que deciden trabajar contra la fuerza de una corriente pesadísima, que destierran la comodidad y la resignación de sus vidas para mecerse en la incerteza y la lucha por conseguir algo que aún está por realizar. Bien sea a través de la música, del activismo, mediante las palabras o con sus propias manos: con un modesto lápiz y una caja de colores.

    Joan Turu decidió que esta era su mejor forma de contribuir al progreso y a la lucha por cambiar las cosas. Y aunque la precariedad con la que, por desgracia, deben convivir las profesiones artísticas se lo puso difícil, Joan lo logró. Consiguió vaciarse libremente sobre el papel, consiguió enviar su mensaje y, lo más importante, consiguió que calara suavemente en la sociedad. Y llegó. Estableció la misteriosa corriente de sensibilidad que bota de humano en humano, que se adhiere a la piel, que inunda los ojos… Líneas, formas, colores, combinaciones y palabras. Centenares de ilustraciones por la paz, por el amor, por la tolerancia, por los derechos, por la educación, por el respeto y por la vida.

    Han pasado unos años y Joan sigue en su estudio, con su lápiz, sus colores y el cúmulo de ideas y sentimientos que lo invade cada vez que tiene una superficie blanca delante. Y aunque sea conocedor de la repercusión de sus ilustraciones, aunque sepa que somos miles los que seguimos sus pasos a través de sus personajes y su estilo, ni él ni nosotros somos conscientes de lo que ello significa.

Estamos cambiando el mundo, ahora mismo. Tú, yo, él, hoy, mañana… Hemos conseguido disolver el opaco velo que cubre todo lo que nos rodea. Y ese es el único misterio de la vida, de la lucha y de la felicidad. Hemos empezado a creer que somos capaces. Y pienso, os lo prometo, que no hay nada más mágico.

Como diría Joan Turu: “si ho puc somiar, ho puc fer!” (“si lo puedo soñar, lo puedo hacer!”).


La iniciativa es el esqueleto de los sueños. Es la transición casi mágica que se produce cuando pasamos de idealizar un objetivo a fabricar sus huesos sólidos, la mismísima base. Y modelamos el proyecto y lo dotamos libremente de la forma que queremos.

Y en nada pasa de ser una idea de humo y polvo invisible a un boceto lleno de garabatos. Hasta que al final, estos mismos trazos torcidos a lápiz se convierten en nuestro proyecto realizado, vivo y latente. Son curiosos e inimaginables los límites de la fuerza y el potencial humano cuando se quiere conseguir algo. Nosotros nos hemos alentado y hemos cogido impulso para trabajar y  luchar por ver realizado nuestro proyecto.  Y nos encantaría compartir con vosotros nuestras ilusiones, nuestra fuerza, nuestro entusiasmo y la voluntad de comernos el mundo y la vida desde las pequeñas cosas que nos rodean y pasan día a día. Así pues y sin más, os presentamos a Ripshop, la primera editora de ilustración textil en España.

Ripshop es una transgresión de la convencionalidad y un afán por inundar de alegría nuestros hogares.  Se trata de un proyecto de enlace con el que pretendemos trasladar el ingenio y la imaginación de ilustradores como Pedrita Parker, Clarilou, Maria JL Hierro, Mequierovivir, Mundopiruuu, Joan Turu y muchos más que pronto llegarán a nuestras casas. Por esta razón, hemos dotado de vida a nuestras sábanas, a nuestros nórdicos y a nuestros cojines a través de la explosión de colores, formas y mensajes que fluyen del espíritu creativo de estos autores.

Deseamos que sonriáis al abrir los ojos, que os abalancéis sobre la cama para sentir el peso de la gravedad contra la textura de los tejidos o que podáis remolonear plácidamente cada mañana con nuestros diseños. Unos diseños que rompen con la normalidad, con la monotonía y con las superficies lisas. Unos diseños que nos hablan, nos susurran, nos transmiten unos valores de los que la desbocada velocidad a la que avanza el mundo nos aleja.

Nos gustaría ser la fuerza invisible que diariamente os empuja para seguir persiguiendo vuestros sueños. Queremos hacer historia, queremos que hagáis historia. Creemos que, juntos, podemos ser extraordinarios.

 


Ya está aquí Ripshop, la primera tienda online que ha nacido para los que al final del día estamos “muertos de sueño”.

Para los que pensamos que dormir es uno de los placeres más grandes de este mundo. Un placer que se multiplica si lo hacemos rodeados de ideas felices, de arte, de color y de buenas sensaciones.

Por eso Ripshop acerca, en forma de artículos textiles para el hogar, las creaciones de los mejores ilustradores de nuestro país y del extranjero.